Hablamos con Manuel Álvarez Junco sobre educación expandida

Hablamos con Manuel Álvarez Junco sobre educación expandida

Entrevistamos a Manuel Álvarez Junco, uno de nuestros referentes en materia de educación y creación contemporánea. Creador y profesor, ha ocupado varios puestos de relevancia en los organos de la Universidad Complutense de Madrid, apoyando continuamente la renovación pedagógica de la institución. Actualmente dirige el verano complutense, cuyos cursos cumplen este año su treinta edición. Nos interesa especialmente su visión sobre las interefencias entre arte y educación, y su articulación a través de la mediación cultural. De todos estos temas y algún otro hablamos con él a continuación.

¿Cuál es la historia de los cursos de verano de la Universidad Complutense y cuál ha sido su trayectoria hasta ahora?

Son una iniciativa del año 88, es decir, cumplimos ahora la treinta edición. Surgen como iniciativa del rector, Gustavo Villapalos en aquel momento y se presentaron como unos cursos con una extraordinaria potencia a nivel internacional y con un gran presupuesto. A partir de ahí, ha habido una trayectoria distinta con los diferentes rectores de la UCM y directores del verano complutense. Creo que en todos los casos el nivel establecido ha sido muy alto. Este año, como decía, cumplimos 30 años. Es una responsabilidad grande porque, por un lado, tenemos que continuar esa labor magnifica que hicieron nuestros predecesores, y a la vez tenemos que adaptarnos a los nuevos tiempos. Evidentemente, en 30 años han pasado muchas cosas y esa adaptación al contexto actual es uno de los empeños en los que estamos trabajando. Vamos a generar una mayor internacionalización, una mayor adecuación a lo que es la globalización de este mundo; a todo lo que son las nuevas tecnologías; a los cambios pedagógicos, todo lo que supone un cambio de paradigma respecto a la presencialidad o la no presencialidad del alumnado y de cualquier iniciativa pedagógica.

¿En qué se basa la filosofía de los cursos de verano? ¿Cuál es la esencia que permanece a lo largo de estos años?

Cuando uno pretende dirigir algo lo primero que necesita es saber lo que está haciendo. Por lo tanto, en este caso, hay que tener en cuenta que unos cursos de verano no son los mismo que unos cursos de invierno. El verano es distinto, es un espacio de ocio y de descanso, pero a la vez es un espacio de reflexión. Cuando llega esta época del año lo que hacemos todos es dedicarnos a las cosas que más nos interesan. No nos mantenemos exactamente inactivos. Hay una parte de reposo, pero hay otra en la que nos dedicamos a estudiar sobre algún tema que hemos dejado pendiente, a reflexionar sobre algún problema que no hubo tiempo para profundizar antes, a leer, a cocinar, a hablar con los amigos, a debatir sobre problemas de actualidad, etc. En eso es en lo que consiste el entorno en el que establecemos los cursos de verano: es un entorno de distracción en el sentido de abordar las cosas de manera diferente, de diversión en el sentido de ofrecer otra versión. Lo que proponemos es algo lúdico y a la vez profundo; académicamente relevante y, sobre todo, de mucha actualidad y mucho interés.

Se cumplen 30 años de los cursos de verano, pero también se celebra el 90 aniversario de la Ciudad Complutense, que este año se articula bajo el lema “Pensar la universidad del futuro”. ¿Desde los cursos también se está participando en este programa y se está planteando la implementación de nuevos modelos pedagógicos que repiensan la propia universidad?

Absolutamente. Los 90 años de la Ciudad universitaria también suponen una efemérides importante para reflexionar sobre este tema. Sin duda, ya lo veníamos reflexionando porque está claro que tenemos que repensar todos los paradigmas de la enseñanza. En el contexto de los cursos, es fundamental renovar una serie de actividades que estaban bien como estaban, pero que todavía pueden estar mejor. En este sentido, antes había muchas conferencias, debates o mesas redondas, que han ido evolucionando a lo largo de este tiempo. Creo que ahora es el momento de darles una vuelta completa y crear actividades mucho más centradas en fórmulas como los talleres y la practicidad.

Hoy en día contamos con internet, con un contacto universal, y hace que lo debamos ofrecer dentro de un espacio de encuentro físico sea totalmente diferente a como era antes. La universidad tiene que plantearse dos vías. Una es la no presencialidad, a través de internet, la conexión las redes sociales y lo virtual.

Otra es la presencial: cuando nos juntamos con los demás necesitamos disfrutar de esos encuentros y aprovecharlos al máximo. Por ello, este año vamos a incidir en generar espacios de encuentro e interrelación. Pensamos que uno de los pluses que se ofrecen desde los cursos de verano es precisamente el propiciar ese encuentro con otras personas, con especialistas y asistentes a otros cursos y, además, en el nivel y entorno fantástico del Escorial. Estos espacios de encuentro queremos que incluyan también a toda la ciudadanía de los ayuntamientos que hay en El Escorial. Por eso vamos a potenciarlos de una manera absolutamente multiplicada con respecto a otras ediciones.

Esto nos gusta especialmente y a nosotros nos interesa, sobre todo, desde el punto de vista de la mediación cultural. Realizáis una oferta educativa pensada más en generar comunidad que el consumo de conocimiento. ¿Qué estrategia vais a seguir para generar sinergias y conectar a todas esas personas que van a participar?

Lo primero es crear el espacio de encuentro, que va a ser el centro de San Lorenzo. Ahí tenemos diferentes recursos: el colegio María Cristina (que será nuestro corazón), un parque maravilloso (el de la Bolera), la casa de cultura, las plazas de La Constitución y de Jacinto Benavente, que están justo en el centro, y sus alrededores. El centro del Escorial es un cogollo patrimonial maravilloso que queremos poner en valor. Además, para todas aquellas actividades relacionadas con la ciudadanía y los asistentes a los cursos, vamos a crear diferentes espacios a los que simplemente ir a tomar algo, a encontrarse con la gente y a desarrollar actividades artísticas Ahí es donde entra en juego el programa intransit relacional, a través del cual vamos a llevar la cultura y el arte a los asistentes de una manera práctica y experiencial.

En este sentido, ¿cómo planteáis la relación entre creación contemporánea y universidad?

Siempre digo que la cultura es algo absolutamente esencial, fundamental y que, de alguna manera, los poderes del Estado no acaban de reflexionar sobre el hecho de que la cultura es una autentica inversión y no un gasto. Esto ocurre igual con la educación. Desde los cursos no consideramos la cultura y la educación como un gasto o como algo superfluo. Por eso las potenciamos al máximo y además lo hacemos seguros de que esas acciones son las que enriquecen a nuestra ciudadanía y a nosotros mismos. Creo que hago una declaración bastante contundente: Si no nos cultivamos y si no disfrutamos de lo que son el arte y la cultura, pues no sé con qué se disfruta. Por eso la importancia de esos espacios de encuentro y de debate que vamos a generar, en los que desarrollar nuestras aficiones por la pintura, por la música, por el arte en general, por disfrutar de algún tipo de espectáculo. Estamos empeñados en desarrollar también esa parte y compaginarla con el estudio académico que, naturalmente, esta cubierto por los cursos.

Hemos hablado de intransit relacional, pero tú también estás muy vinculado a intransit en general, como plataforma. De hecho, fuiste uno de los impulsores del proyecto. Cuéntanos un poco como surgió la idea de poner en marcha un laboratorio de educación experimental relacionada con la creación contemporánea en el seno de la Universidad Complutense.

Bueno yo soy profesor en la Facultad de Bellas Artes y también soy artista, así que digamos que tengo una serie de impulsos naturales a desarrollar ese tipo de iniciativas. Cuando estuve como Vicerrector de Cultura, uno de los proyectos fundamentales para mi fue crear el c_arte_c (Centro de Arte Complutense). En esa época me resultó interesantísimo encontrarme con el programa intransit, que me ofrecían Javier Duero y Patricia Almeida porque era el eslabón perdido que había en la evolución entre la formación y la profesión. Esta ese una carencia que en otras carreras se nota menos, pero que en la artística está muy clara. Como decía Bob Dylan, “después de 20 años de estudio te dejan en la calle”. Efectivamente, necesitábamos que después de estudiar alguien nos metiera de lleno en el mundo real. Era necesario poner en marcha un programa como este que, a mi me pareció maravilloso, y encontrar un equipo que desarrollara y diera soluciones a esta preocupación, que se pusiera en marcha para resolver ese problema, fue genial. El   programa intransit me parece esencial dentro de la universidad. Ahora, intransit relacional va absolutamente en esa línea. Es una evolución y una salida natural que, por su puesto, desde los cursos de verano estamos encantados de acoger.

Entre líneas, estamos hablando mucho de trabajo en red, de transversalidad y de esa idea de educación expandida. ¿Cómo articuláis estos conceptos dentro de la programación? ¿Con qué tipo de organizaciones colaboráis para conseguir ese valor añadido del que hablamos, más allá de unos cursos o una formación al uso?

Lo primero de todo es tener una mente muy abierta y acoger a la gente y a propuestas diversas. Dar cabida a todo lo que pueda sumar. A veces me preguntan ¨¿pero a ti te gusta esto o aquello?¨ y no tiene nada que ver con eso. Hay determinados temas que están en el ambiente y que hay que tratar. Por otro lado, también intentamos tratarlo todo de manera más transversal que convencional. Sobre todo por una razón: pienso que el mundo siempre está dividido de manera artificial y que tendemos mucho a clasificar, ordenar, archivar y a dividir. Todo mi equipo y yo somos partidarios de, justamente, hacer lo contario: unir y relacionar. Por eso en los cursos se encuentran actividades de música y de política (juntas); no solo de música o de política. O de arte y gastronomía. O de vallenato y literatura. Son relaciones que provocamos y que conviven con otros temas al uso o monografías más cerradas. La cuestión es que, como profesores y pedagogos, tendemos a dividir el mundo. En general, en asignaturas. Pero el mundo es el mundo y la vida es “esta cosa que pasa por aquí”, como decía alguien. En el día a día de los cursos de verano intentamos juntar y unir materias, que no permanezcan separadas.

Este año, se pretende implicar a los vecinos y al entorno de El Escorial de una manera mucho más activa en la programación. ¿Cómo conectar a la sociedad civil con la universidad y el mundo educativo?

Eso va en la línea de lo que decía antes. Una cosa que me sorprendió fue constatar que los cursos se habían distanciado de la sociedad, que se habían convertido en una cosa elitista. Creo que esa concepción es justo la que hay que romper. También es cierto que, de manera natural, muchos vecinos de los municipios del Escorial asistían a los cursos como oyentes. Por tanto, era lógico, no solamente dejarles asistir, sino acogerles en serio. No ser permisivos sino ir a favor de esa corriente que se estaba produciendo. Eso es en lo que estamos trabajando. Se trata de ser un poco sensibles a estas tendencias y darse cuenta de que establecen potencialidades muy fuertes para mejorar.

 

 

 

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