Hablamos con AMECUM sobre mediación cultural

Hablamos con AMECUM sobre mediación cultural

El 17 de diciembre de 2015 se presenta AMECUM Asociación de Mediadoras Culturales de Madrid en Matadero Madrid, en el marco de la exposición y el programa de actividades Ni arte ni educación.

AMECUM nace a raíz de conversaciones informales entre varias compañeras que, preocupadas por la precariedad y la imposibilidad de desarrollar una carrera en el sector, deciden unirse y trabajar juntas por visibilizar la profesión. El primer paso es contactar y entablar relación con AVALEM, que ya está en funcionamiento en Valencia y asesora la puesta en marcha y constitución de la asociación madrileña.

De esa primera colaboración surge la presentación oficial en Matadero y todo empieza a rodar: encuentros, presentaciones, jornadas de trabajo y cafés-mediación o talleres de autoformación, en los que unas socias comparten sus saberes con las demás. Se enfocan los retos de la mediación desde campos como la profesionalización, la pedagogía o el activismo; pero sobre todo desde la unidad y la conceptualización propia como plataforma para generar debate y servir como altavoz a quienes trabajan en el sector.

De todo esto hablamos con Beatriz Martins y Susana Galarreta, presidenta y coordinadora de comunicación, respectivamente, en AMECUM.

pista>34: Comencemos por el principio. ¿Qué hace de la mediadora cultural un agente tan importante en el marco de la producción contemporánea?

Beatriz: Creo que empezaría por el “¿por qué no debemos olvidarnos de la mediación?”. Da la sensación de que muchos proyectos de gestión cultural potentes, con discursos muy armados, se olvidan de ella. Tal vez se tiende a pensar que el trabajo de mediación banaliza todo el esfuerzo de investigación previa que hacen los gestores o curadores, pero hay que tener en cuenta que mediar no consiste en explicar lo que ha hecho otro, sino en generar un tejido entre el proyecto desarrollado por el gestor y las personas que lo reciben e, idealmente, incluso transformar esa producción. Si la producción contemporánea no tiene relación con la sociedad y con quien la recibe, pierde mucho de su sentido.

Susana: Partiendo del respeto total a la obra de arte individual y sin motivo ideológico o político, sí creo que si se queda ahí se empobrece. Una cosa es la función estética del arte y otra lo que este significa como parte de la sociedad en la que vivimos. La importancia de la mediación radica ahí; porque un arte que no interactúa con el público carece de sentido. Conceptos como desarrollo de audiencias o de públicos a veces no gustan, en parte porque es verdad que se suele monetizar y cuantificar cuando se habla de ellos. Pero, si no llegas a la gente, ¿qué función tiene el arte? En este sentido mediación, educación y comunicación son ramas muy vinculadas.

pista>34 ¿Pensáis, entonces, que el retorno social de centros y proyectos culturales es mayor cuando se incluyen en ellos metodologías de mediación?

Susana: Creo que sí lo tienen. Y también que hace falta entender los códigos de la mediación. Hay veces que se genera rechazo porque el público se encuentra con algo que no espera. Estamos todavía en el proceso de ajuste.

Beatriz: Lo del retorno social es como el ideal y no sé si se produce muchas veces, precisamente por lo que dice Susana. Un buen trabajo de mediación responde a estructuras que no tenemos, como público, muy interiorizadas. En cualquier caso, ese gesto de tender la mano para conversar, incorporar saberes y experiencias a todo aquello que se está produciendo en la institución sí que genera un click en muchas personas y les da pie a pensar que los espacios artísticos sí tienen que ver con ellas.

pista>34: Para dar cabida a procesos de participación ciudadana y democratización radical de la cultura dentro de la institución, la mediadora se encarga, cada vez más, de tareas relacionadas con la facilitación y la gestión de comunidades. En este sentido, ¿vislumbráis una transformación de su perfil?

Beatriz: El mediador es una figura que se maneja en el conflicto, que a veces incluso lo promueve porque la idea es, precisamente, la de dinamitar muchas cosas. También cambia mucho el perfil del mediador dentro de cada institución, pero en general hay muy pocos centros que favorezcan ese rol. Esto hace que no siempre se pueda realizar el trabajo de mediación hasta el nivel de riesgo que se tendría que exigir. Desde la institución se anima a la mediadora a hacer crítica, pero sólo hasta un punto. La figura de la mediadora es conflictiva y debería ser incluso un poco incómoda para la institución.

Susana: La institución debería estar dispuesta a perder algo de su parcela de poder si quiere tener una mediación real. De igual manera que en el discurso del comisario el artista cede parte del contenido de su obra a una construcción discursiva que le es ajena, sobre todo en un museo, la institución también debería dar margen al mediador, que no es sólo un intermediario, puesto que también tiene un discurso y una posición que, idealmente, debe actuar como revulsivo para que a su vez otros generen sus propios discursos. Esto es algo que pocas instituciones están dispuestas a aceptar.

pista>34: ¿Cómo veis espacios culturales más informales como Esta es una Plaza o el Campo de Cebada? ¿Qué os parece la mediación como estrategia para organizar esos espacios que tienen vocación de ser abiertos, participados y horizontales?

Susana: Allí la mediación es más comunitaria, se hace más mediación sociocultural o intercultural, con componente social y político. Es interesante porque nos enriquecemos unas disciplinas de otras. Como aspecto positivo destacaría toda la trayectoria de trabajo comunitario, asambleario, etc. que responde a estos espacios.

Beatriz: Lo que también se puede extraer es su forma de organizarse desde lo colectivo. Podemos, por ejemplo, extrapolar la producción de un huerto colectivo a una producción artística; o reproducir esos marcos de convivencia con los que trabajan desde estos espacios. Hemos aprendido mucho de sus metodologías, tanto de lo que funciona muy bien como de lo que vemos que falla. Otra cosa interesante es que nos enseñan a trabajar desde lo pequeño y lo cotidiano. Y por otra parte, estos pequeños proyectos que se han ido multiplicando por Madrid contribuyen a un cambio en la conciencia ciudadana. No estamos en el punto de recibir y consumir cultura de manera pasiva, sino que la gente quiere formar parte de lo que está haciendo. Esto es muy positivo porque hace que ese sentir ajeno del público hacia las metodologías de mediación cada vez sea menor.

pista>34: El equipo y los programas de mediación, ¿dentro o fuera de los departamentos de educación de las instituciones?

Susana: Los nombres son muchas veces lo de menos, porque van cambiando. En el MNCARS, por ejemplo, el área educativa y la de públicos están conectadas por una figura específica. Eso es una muestra de la necesidad de que los departamentos sean más permeables y de la dificultad de definir organizativamente ciertos contenidos transversales.

Beatriz: La cuestión sería pensar qué da más a la mediación. Con los organigramas actuales, lo dejaría dentro del departamento de educación puesto que esta es una de las funciones principales de la mediación; aunque también tendría que haber perfiles transversales que conecten unos departamentos con otros y que tengan una doble vertiente. Si solo perteneces a educación puede parecer que todo tu trabajo es facilitar una serie de contenidos determinados, y pensamos que la mediación que tiene que ir más allá.

pista>34: En algunos artículos habéis tratado el tema de la feminización de la mediación cultural. Desde un la perspectiva de la teoría de género, ¿cómo se enfrentan la precariedad, la inclusión, los cuidados o los tiempos en nuestro sector?

Beatriz: El propio nombre de la asociación se decidió poner en femenino por estas cuestiones de la feminización de la profesión, que se da a muchos niveles. También tiene que ver con la militancia de todas nosotras. No sólo porque la inmensa mayoría de las personas que trabajamos como mediadoras somos mujeres, sino porque también hay un desprestigio dentro de las instituciones, incluso a nivel social. Sufrimos una precarización y una falta de proyección absolutas. Últimamente hemos hablado de que empiezan a sonar algunos nombres en lo referente a educación y mediación artística. Paradójicamente, los que suenan más fuerte son masculinos. Es sistemático cómo ocupan las cotas de poder y me cuesta describir cuáles son exactamente los mecanismos que hay detrás.

Susana: Sin embargo, por ejemplo en Madrid estamos Pedagogías Invisibles, AMECUM y vosotras en pista>34. Hay chicos en los equipos y tenemos esta configuración más femenina o feminista. Aun así se repite la historia: quien destaca, se posiciona y se hace su marca personal es, normalmente, un hombre. Nosotras nos quedamos más diluidas en la comunidad; que no es malo, porque el propio trabajo de la mediación está relacionado con los cuidados, la pedagogía y el empoderar a otros haciéndote, en cierto modo, transparente. Estos valores están muy asociados a lo femenino y creo que no debemos negarlo, sino ponerlo en valor.

Beatriz: De ahí plantearnos como asociación en femenino. No sólo porque la profesión tiene mucho que ver con el cuidado y la inclusión del otro, sino también a la hora de acompañarnos en la lucha. De hecho generar red, compartir saberes y experiencias y cuidarnos es en lo que más hemos trabajado durante el último año. Muchas veces nos preguntan si sólo admitimos a mujeres o sólo a mediadoras. Para nada es eso, pero sí pensamos que el nombrar es una elección política muy fuerte y tiene que ver con cómo queremos enfocar esta lucha.

Volvamos a la precariedad. Gran cantidad de mediadoras se encuentran en una situación laboral complicada, derivada de políticas como la sistemática externalización de servicios en las que prima el criterio estrictamente económico o la contratación a través de empresas de trabajo temporal no especializadas por parte de la administración o la congelación de contrataciones. La mediación en Matadero, por ejemplo, en un inicio estuvo en manos de pequeñas organizaciones como RMS o Pensart y ahora ha pasado a empresas como Eulen o Manpower ¿Cuáles son las propuestas que se lanzan desde AMECUM para cambiar esta idiosincrasia e implementar mejores prácticas?

Susana: Ese tema se trató en el encuentro de Madrid, en el de Valencia y se volverá a tratar en Barcelona en marzo como uno de los puntos esenciales. Se ha trabajado sobre ello y se publicó un código de buenas prácticas que por supuesto tiene que ir revisándose, difundiéndose e implementándose. Otra de las cosas que se han planteado es preparar un convenio laboral. Para esto necesitamos más trayectoria como asociación y a nivel burocrático.

Beatriz: En marzo vamos a encontrarnos con las compañeras de Barcelona, territorio desde el que nos llegan noticias de que sí que se está trabajando en el Convenio del Lleure Educatiu i Sociocultural de Catalunya. Sabemos que están llevando a cabo una lucha por los derechos de las trabajadoras culturales muy fuerte desde plataformas como Vaga Ciut’art y, por lo que nos llega, parece que algunos sectores incluso han empezado a organizarse sindicalmente. Tenemos muchas ganas de poder charlar con ellas y ver cómo se están organizando y qué podemos aprender. Nosotras siempre hemos pensado que el camino debía empezar por crear un convenio propio, o al menos un convenio respetuoso con nuestras circunstancias y las de otras trabajadoras culturales.

Susana: Este año queremos organizar un encuentro específico sobre este tema con asesoramiento legal profesional; para que comencemos por conocer cuáles son nuestros derechos, puesto que creemos que es una de las grandes carencias del sector. Luchar solo es muy complicado, pero cuando se generan redes como en Barcelona o León, se dan ejemplos que demuestran la posibilidad de plantar cara a situaciones realmente injustas. Ya no hablamos de prácticas más o menos precarias, sino ilegales. Por eso identificamos dos pasos: Conocer nuestros derechos y generar redes para, conjuntamente, poder tomar medidas.

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